Me gustaría aparecer mañana mismo en un camino; encontrarte al torcer una curva y caminar juntos un rato y hablar tranquilamente sin nervios y dejarnos llevar si apetece y si no, seguir andando.

No sé si debería decirte estas cosas ahora que estás –supongo- reflexionando sobre tu vida. De verdad que no quiero agobiarte, sólo quiero que sepas que estoy un poquito “enganchada” y estaré así hasta que me digas que vas a portarte bien y volver a tu casa y olvidarte de este último encuentro nuestro. Entonces yo me quedaré quietecita y callada e iré desapareciendo sin que te des cuenta. Hasta que no me lo digas, estaré revoltosa, con esta espina clavada y con la imaginación a mil, o sea, fatal.