El padre de mi pareja no quiere verme ni en pintura. Le tiene terminantemente prohibido a su hijo que yo ponga el pie en su casa. Me odia sin conocerme más que de vista y de oidas y es precisamente por lo que ha oido de mí, por lo que me odia tanto. Le han contado que estoy divorciada y eso ha sido motivo suficiente para que me juzgue y me condene, me insulte y me desprecie.

Así, cuando hay alguna celebración, me toca quedarme sola (porque salvo a mi pareja, no tengo a nadie más en esta isla) mientras toda su feliz y perfecta familia se reune y celebra lo que haya que celebrar...

Cuando ocurre esto me siento abandonada, humillada...como si tuviera que avergonzarme de mi misma y quedarme escondida.

Por supuesto, mi novio lo ha pasado mal con la situación, ha tenido broncas tremendas con su padre, pero no hay nada que hacer.Este buen hombre no quiere saber nada de mí y su mujer, la madre de mi pareja, aunque al principio hacía el paripé y me saludaba cuando me veía, al final le ha dado la razón a su marido y me ha dado la espalda.

Por eso, aunque no me gusta la navidad, estoy deseando que llegue el 23 para estar con mis padres y sentir el abrazo y el cariño sincero de una familia.

Yo he vivido en muchos sitios y soy una persona bastante desarraigada y poco familiar (supongo que por eso llevo esta situación relativamente bien), pero a veces necesito sentirme querida y parte de algo y de alguien.

Mi familia no es ni mucho menos perfecta, pero siempre han apoyado mis decisiones (aunque a veces no las hayan compartido). Si yo soy feliz, ellos son felices.

Cuando vaya a casa, mi madre me arropará y me dará un beso de buenas noches. Para mi, este será el mejor regalo de Navidad.

BUEN FIN SEMANA!!!!!