Nos quedamos a un paso de llegar hasta nosotros mismos.
Ganaron los miedos y las apariencias. Perdimos tú y yo. Los de siempre.Lo nuestro es un tirar piedras y esconder la mano.
No se alcanzan los sueños desde el sofá del salón.
...Y pensando en la otra parte, no es más sucia la indiferencia, la apatía, más profundo el dolor que se causa con ellos, que el que se hace diciendo la pura y simple verdad?
La verdad es áspera; raspa e hiere el corazón y el amor propio. Pero al fin y al cabo supone alivio. Demuestra respeto y confianza. Sensibilidad y cariño hacia quien ya no amas.
Yo siempre he preferido a alguien que llegado el momento me diga "se acabó" antes que el engaño de tener a mi lado un cuerpo vacío, sin alma ni corazón...que no me corresponde. Acaso eso no se nota mirando a los ojos o con un beso en los labios?
El "ya no te quiero" es terrible pero, no duele más la falta de ilusión, la monotonía, el girarse sin dar un beso de buenas noches, la sensación de soledad compartida, la frialdad al hacer el amor, los silencios incómodos, la sensación de que le has perdido y que nada que hagas o digas lo puede remediar?

Para que llegue a tí, este beso que te mando tiene que atravesar el Mediterráneo, Valencia y Cuenca...es mucha distancia pero seguro que lo recibes.
Te echo de menos. Necesito verte.
Ya me he rendido:no puedo olvidarte.
Te sigo queriendo.
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A pesar de la las tormentas y la lluvia y los apagones del día de hoy que hacen la isla más isla aún, mi beso te ha llegado y me lo has devuelto con creces.
Gracias por estar ahí.
Bendito tú que me aplacas los nervios y me calmas estos ataques de ansiedad y llanto.
Odio los fármacos y más los antidepresivos pero a tí te tengo cierto cariño ya. Me dejas apática, metida en una especie de nube, sin ganas de hacerme más daño. Me permites dormir aunque sea un par de horas y descansar del ruido de mis pensamientos.
Bendito eres, alprazolam, que me proporcionas una falsa calma, aunque calma, al fin y al cabo.
A los 16 años nos besábamos después de clase en el instituto, en el portal de mi casa, en algún bar oscuro los fines de semana...nunca salimos juntos, nunca nos dijimos "te quiero" y la vida nos llevó por distintos caminos pero curiosamente y casi por casualidad nos juntaba de vez en cuando y seguíamos besándonos y abrazándonos con una ternura antigua, enorme. A veces tú tenías pareja, otras la tenía yo pero inevitablemente, cada vez que el destino nos ponía uno frente al otro, acabábamos hechos un nudo de besos.
Así estuvimos casi 10 años. De repente te encontraba en Madrid, al año siguiente me topaba contigo en Granada... hasta que un día no nos volvimos a encontrar. Nunca tuve tu teléfono ni tu email, tampoco tú el mío...
Este fin de semana fui a ver a mis padres. Yo estaba dentro de una cafetería. No me podías ver pero yo sí. Hablabas con alguien y te observé; hacía unos 4-5 años que no te veía. Tu sonrisa es la misma, tus gestos, esa mirada un poco tímida...quizás has engordado (y quién no??). Sentí la tentación de salir y saludarte pero no lo hice. Me quedé mirando cómo te despedías de la persona con la que hablabas y subías a un coche azul.
Me quedó una sensación extraña de vacío.
Vas y me dices que has escrito tus últimas canciones pensando en mí. No me hagas esto, calamar…Que estoy intentando portarme bien y pretender creer que eres solamente un amigo. Recordarnos trabajando juntos, tomando un café o una caña, charlando tranquilamente, riendo o llorando….Me afano en borrar de esos recuerdos tus miradas que decían tanto, esas sonrisas a escondidas entre la gente que no se daba cuenta de nada, aquellos paseos nocturnos “por todo el camino, de mi barrio a tu barrio”, como decía Urquijo, tus caricias, el abrazo intenso en la calle Génova, justo enfrente de donde nos besamos por primera vez. Están escritos, de todas formas, con esa tinta que aunque se borra, deja una marca que sigue legible me temo que para siempre.
No me digas que has escrito pensando en mí. No me permitas imaginarte en la soledad de tu cuarto, en tu intimidad, poniendo palabras a nuestros recuerdos, abrazándome con tu voz y tu guitarra porque, si lo haces, todos mis esfuerzos no valdrán de nada.
La verdad más pura y sencilla es que te quiero. Y ya no sé cómo maquillarlo.
Tenemos que buscar un momento y olvidar todo lo demás.
Y después, olvidarnos el uno del otro.

Una hora y veinte minutos para salir de aqui. Creo que todos los viernes empiezo más o menos con la misma frase. Hoy he estado a punto de entrar en el despacho de mi jefe y decirle que ya no más. Que no soporto esta rutina y este trabajo de autómata que no deja ni un milímetro a la creatividad y que me está amargando la vida. Luego he recapacitado. He mirado en internet los titulares de la prensa que sólo hablan de desplome de la bolsa, del aumento del nº de parados en España, de la crisis financiera, del endeudamiento de las familias, de la subida de la cesta de la compra...
He hecho de tripas corazón y me he vuelto a enfrascar en las facturas. No puedo (no debo) quejarme por nada. Tengo trabajo, vale, un sueldo relativamente digno que me permite pagar el alquiler, los gastos, la comida y dos o tres trapos del H&M. Poco más...
Pero dónde queda la satisfacción personal? O el realizarse profesionalmente? No se supone que estudiamos algo que nos gusta, que nos atrae, que nos interesa al menos un poco con el objetivo de poder dedicarnos a ello en el futuro?
Esto es lo que hay, me digo a mi misma y aprieto la mandíbula mientras intento cuadrar otra factura. Estaría loca si dejara un trabajo así, si hiciera un paréntesis en mi vida y me dedicara a algo que me llenara.
Mi contrato acaba el 31 de diciembre (simbólica fecha) y estoy pensando no renovar y marcharme de cooperante unos meses a Sudamérica. Realmente quiero hacerlo. Es casi una necesidad para mí. Pero también una irresponsabilidad.
Lo pensaré este fin de semana!
Que disfruteis!